Alejandro Tosco en TEA
Es obvio que Al azul del Atlántico, la exposición que TEA alberga en su no-sala Espacio Puente ―más bien Espacio-Limbo, agujero negro en el que la dirección de Tenerife Espacio de las Artes deposita a los artistas moscones― es algo más que el intento de catapultar al oficialismo cultural canario a un pintor llamado Alejandro Tosco: también constituye la prueba de que a menudo las veleidosas intromisiones de políticos y burócratas en ámbitos que les son ajenos no consiguen sino hacer tambalear los delicados cimientos de las estructuras críticas de instituciones como TEA. Sólo existe una cosa más afrentosa, chocarrera y deleznable para un creador que el político ignaro ―ignaro o no iganro― que se cree en la obligación de firmar un prólogo infumable en un catálogo, en un libro de poemas o en la inauguración de una exposición: otra cosa es que el propio creador lo pida, lo ruegue o lo necesite para existir. Es lo feo definitivo, como decía Juan Ramón Jiménez. Nos ocupa el caso de Alejandro Tosco. Este refrito de artista ―la obra de Tosco es un 2% de Manrique, otro 2% de Millares, un 2% de Óscar Domínguez, otro 2% Juan Ismael y un 92%, como poco, de plasmática caradura e inanidad― ha conseguido sin embargo penetrar, como Pedro por su casa, los muros de hormigón armado de TEA. Sin duda una bofetada insultante para los artistas canarios actuales y, lo que es más peligroso, un precedente irrebatible para quienes confunden la sana ambición creadora con la pretensión egomaníaca del caprichoso. No nos excedemos: Alejandro Tosco está convencido de haber participado con una obra escultórica de cinco metros de altura en el cuadragésimo aniversario de la exposición Esculturas en la Calle (Santa Cruz de Tenerife), pero la realidad es que su obra fue rechazada por el comité de selección. Por de pronto, lo mejor que se puede afirmar de este genio cuya obra parece instalada en la vanguardia de lo regresivo es que su potencia estética no reside tanto en sus desilusionantes, inconexas y pueriles ensaladas de arena y pintura, como en las capacidades milagrosas de sus mangas. Ser aliado, partidario, adicto o adlátere profesional del Presidente de Canarias, del Presidente del Cabildo, del Alcalde de Santa Cruz de Tenerife y del Consejero de Cultura y Patrimonio Histórico, ―con independencia del nombre de estos ilustres próceres― es la carta de presentación con la que Alejandro Tosco ha conseguido arrodillar a sus pies a la dirección técnica de TEA, asunto que la institución no puede permitirse de ninguna manera si es que desea salvaguardar su aún incipiente prestigio de recién llegado al viejo mundo de los museos de arte. TEA puede y debe equivocarse en la elección de sus propuestas expositivas. Su responsabilidad es elegir de acuerdo a unas directrices estéticas que, en realidad, a la larga le permitirán su soberanía y supervivencia. Justo lo contrario, su desprestigio y su ulterior desvanecimiento, le llegará el día que su equipo de técnicos pierda la facultad de imponer sus criterios profesionales por encima de intereses espurios. No estamos tratando con uno de esos recintos expositivos perdidos y lúgubres repartidos por esos municipios de Dios ―sede de la asociación de vecinos, santuario del tute, bareto futbolero y fumadero de canutos―, usado las más de las veces a mayor gloria del sacro-santo alcalde del ayuntamiento de turno, seguramente un hombre con un tino cultural sólo superado por su generosidad paternalista para con el diletante chiflado de los pinceles. Habida cuenta de los dineros que nos cuesta a los contribuyentes mantener activa esa institución, TEA ha de ser otra cosa. Está obligado a ser otra cosa, está obligado a ofrecer excelencia, a operar con cualificación, a elegir de manera independiente y propagar formación crítica. Si TEA se va a convertir en la delirante versión presidencial de las cochambrosas salas municipales de nuestro Tenerife más profundo, ignaro y caciquil, será mejor, señores, que tengan la decencia de cerrar las puertas para dedicarse a otra cosa.
POSTDATA
Hace sólo unos días, la crítica de arte Elena Vozmediano publicó en el cultural digital de El Mundo un artículo titulado «El TEA se IVAMiza». Vozmediano cita La galaxia a mediodía y ofrece a los lectores interesados una muy detallada información sobre el caso del que se ha tratado más arriba. No puedo sino estar completamente de acuerdo con la crítica, y desde aquí le hago llegar mi agradecimiento.
F.L.