¡Recomenzar!

Pocas veces en mi vida he llegado sentir una emoción tan profunda, tan abismal, tan radicalmente abismada, como cuando escuché por primera vez, hace tiempo, la voz de Haroldo de Campos recitando, en su idioma, el primer poema de sus Galaxias, Y comienzo aquí… 

El disco en el que aparecía llegó a mí a través del poeta Melchor López. Vuelvo a oírlo ahora y viene a mí la misma idea de entonces: que todo lo que uno piensa de la poesía, sobre todo de la propia, queda transformado para siempre si uno abre (se atreve a abrir) el tímpano a estas palabras de continuo, interminable recomienzo. A menudo se acusa a la poesía concreta brasileña de juego superficial. Este poema (y otros muchos de Haroldo de Campos, cuya obra constituye la quintaesencia del concretismo y, al mismo tiempo, su desborde oceánico) desmiente esta idea absurda y poco informada, a menudo mantenida desde zonas acomodaticias de la creación poética. Como nací a la actividad creadora con la figura y obra tutelares de Haroldo de Campos entre las manos (gracias a la revista Syntaxis, por ejemplo), he sentido siempre el portugués brasileño, ese preciso portugués-brasileño, como mi segunda lengua lírica. Una segunda lengua lírica, eso sí, radical, al borde del borde. Tanta familiaridad siento hacia el idioma de Sophia de Mello Breyner o de Drumond de Andrade, que a menudo, cuando me preguntan por los poetas de mi idioma que prefiero, son los nombres de ciertos poetas brasileños y portugueses los que primero vienen a mi cabeza. Creo que al poeta Melchor López le sucede algo parecido, o algo peor. En cierta ocasión me confesó que su apego al portugués (a la poesía portuguesa) era tan profundo, que a veces había deseado abandonar el español para componer su obra en las vocales de Pessoa. La lengua de los concretos (y de sus antecesores brasileños: Joao Cabral de Melo Neto, entre tantos) es el ejemplo, para mí, del idioma poético que no tuvimos en España, salvo excepciones. A ello se refieren el poeta Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate en un un ensayo que ha sido recientemente publicado (reeditado) por Libros de la Resistencia, me refiero a Situación de la poesía concreta y otros ensayos sobre poesía brasileña. Dicen aquí Gómez Bedate y Crespo: “Introducirnos en la vanguardia literaria brasileña, adelantada del actual experimentalismo poético, bien pudiera ser el revulsivo contra el exceso de bagaje tradicional de este lado del mar”. La cita es de 1966, pero la actualidad del mensaje resulta hiriente. Regreso a los concretos a menudo, sobre todo a Haroldo, para reestructurarme, para recordar de dónde vengo y a dónde he de ir, pero sobre todo para recordarme a mí mismo qué herramientas poéticas son las que he de usar para, al menos en sueños, entrar en ese territorio. Se agradece, por tanto, a los editores de Libros de la resistencia la reedición de estos ensayos, publicados en Revista de Cultura Brasileña a principios de la década de 1960. Un buen libro, especialmente uno como este, nunca está demás en los atestados estantes de las librerías españolas. Tal vez desde ese maremagnum confuso, una mano curiosa lo traslade al silencio propicio de alguna biblioteca personal, y allí florezca el milagro concreto de la poesía.

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Cubierta de A educação dos cinco sentidos (Iluminuras, São Paulo, 2013)

Coincidiendo con la redacción (un tanto apresurada) de esta nota, cae en mis manos la nueva y recientísima edición brasileña de A educação dos cinco sentidos (Iluminuras, São Paulo, 2013). Se trata, si el dato de Arnaldo Antunes no es incorrecto, de la segunda edición brasileña desde que fuera publicada la primera hace treinta años. Otra suerte corrió A educação dos cinco sentidos en España, aunque parezca mentira: la primera versión española apareció en Biblioteca Àmbit, en Barcelona, hace veintitrés años ―sólo (¿sólo?) cinco años después de que fuera publicada inicialmente en São Paulo― con prólogo de Andrés Sánchez Robayna. Se trataba de la segunda vez que un libro de Haroldo de Campos era traducido íntegramente al español ―y la primera vez en España―, un dato que ilustra la falta de interés y curiosidad que han demostrado siempre los hombres de letras de nuestro país. No hay diferencia alguna, en cuanto al contenido original se refiere, entre aquella magnífica versión compuesta en 1990 por el poeta canario y el libro que hoy tengo sobre la mesa, a excepción de un anexo que incluye un CD con, por un lado, un poema de Christopher Middleton, leído por el mismo, acompañado por la versión transcreativa, también recitada, que hiciera de ese texto Haroldo de Campos. Por otro lado, las traducciones inglesa y brasileña de Middleton y Haroldo, grabadas también por ellos mismos, a partir de un poema de Goethe, «Herbstgefühl». El anexo, además de la transcripción de los poemas y versiones citados, incluye también una larga nota explicativa, firmada por K. David Jackson ―que también firma el prólogo a esta edición―, relativa a la grabación de estos textos, que tuvo lugar en Austin, en 1981. Continúa el apéndice con la inclusión de un conmovido relato biográfico perteneciente al novelista João Ubaldo Ribeiro, Meu amigo Haroldo, se titula: «Una de las compañías que más echo en falta, como amigo y como contemporáneo, es la del gran artista brasileño Haroldo de Campos. No lo llamo aquí poeta, porque pienso que el término no lograría incluir al esteta integral, casi absoluto, que siempre vi en Haroldo». Esta nueva edición brasileña de A educação dos cinco sentidos se cierra con una breve biografía de Haroldo, que tiene como aliciente especial el haber sido escrita por él mismo.