Pocas veces he sentido, por la muerte de un escritor, un estremecimiento de tan extraña orfandad, de tan rara tristeza como el que experimento ahora. Me sucedió con la muerte de Valente y me sucede de nuevo ahora con la noticia de la muerte de Juan Goytisolo. Lo primero que llegó suyo a mis manos, a finales de los 80, fueron sus memorias, Coto vedado y En los reinos de taifas. Jamás había yo leído en español algo como aquello y confieso que fue una de esas lecturas que lo cambia todo, que te obliga a detenerte y repensarte. Luego me asomé a Makbara y a Paisajes después de la batalla, a Campos de Níjar, a Reivindicación del conde don Julián, que contiene uno de los arranques novelísticos más apasionantes de la literatura hispánica moderna: «tierra ingrata, entre todas espuria y mezquina, jamás volveré a ti…» En todo lo que leía de Goytisolo, en todo lo que sigo leyendo, en sus ensayos, en sus novelas, halló siempre fundamentales lecciones. Lecciones morales, estéticas, políticas, históricas, lecciones literarias. Lecciones que se levantan desde la intimidad de una página y alcanzan y superan el ámbito de lo nacional, de la lengua y del mundo hispánico. De pocos novelistas de nuestro país puede decirse tal cosa. Tuve el inmenso honor de compartir con él y con otros amigos presentes tres o cuatro conversaciones, incluso tuve el honor de entrevistarlo en Las Palmas de Gran Canaria. No era hombre hablador, ni daba consejos, pero tenía un fino, delicado humor y el don de hablar con seguridad, con claridad y sobre todo con sinceridad. Le decía a un amigo solo hace un par de horas que, como él, aparte de esta sensación de tristeza y de orfandad extraña, amarga, me invade la impresión (no tan inexplicable si se indaga un poco) de que con la muerte de Juan Goytosolo llega a su fin, en lo personal, una etapa, pero también una época en cuanto al devenir intelectual de nuestro país, una impresión de que queda a su suerte en la lengua y la cultura españolas, inquietantemente vacío, un espacio literario, intelectual y crítico que nos mantenía, pese a todo, a salvo. Descanse en paz Juan Goytisolo.
PARA JUAN GOYTISOLO